Medical Negligence

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El Servicio Israelí de Prisiones (SIP) ha adoptado una política sistemática de negligencia médica en las cárceles y centros de detención que albergan detenidos palestinos. Las largas demoras en la prestación de tratamiento médico deficiente son típicas. Aunque todas las prisiones disponen de un consultorio médico, los doctores prestan servicio de forma irregular y la asistencia médico-sanitaria especializada no suele estar disponible. Los presos no son atendidos fuera del horario establecido en la clínica y normalmente deben esperar largos períodos de tiempo antes de ser atendidos. Una vez que son examinados, sin embargo, a la mayoría de los presos sólo se les prescriben analgésicos, sin ningún seguimiento médico posterior más exhaustivo. Los traslados a hospitales para recibir el tratamiento requerido no tienen lugar hasta después de semanas o meses.

Las condiciones de detención tienen un enorme impacto en la salud de los presos y detenidos. La falta de luz natural, la presencia de humedad en las cárceles y centros de detención, agravada por una dieta pobre y desequilibrada, la falta de instalaciones recreativas adecuadas, y las restricciones impuestas en el uso del patio de la prisión para el ejercicio físico, a menudo conducen a dolor en los huesos y, a veces, a sufrir reumatismo. Como resultado de su encarcelamiento, los detenidos, una vez liberados a menudo enfrentan problemas crónicos de salud, como enfermedades de la piel, fatiga extrema, debilidad y anemia, problemas renales, reumatismo, problemas dentales y úlceras.

El lenguaje es un problema fundamental ya que en la mayoría de las clínicas los médicos no hablan árabe y no todos los presos hablan hebreo. Las dificultades de comunicación a menudo impactan negativamente en el tratamiento del prisionero y obstaculizan el desarrollo de la confianza necesaria en la relación entre un médico y su paciente.

Organizaciones de Derechos Humanos estiman que, desde el comienzo de la Intifada Al-Aqsa en el año 2000 y hasta el año 2008, 17 presos palestinos han fallecido en las cárceles israelíes y centros de detención como resultado de una negligencia médica. Durante las visitas a las cárceles y centros de detención israelíes llevadas a cabo en 2008, Addameer documentó 178 casos de negligencia médica.

 

EL TEMA DE LA DOBLE LEALTAD.

Los médicos y otro personal sanitario empleado por el SIP se encuentran en una situación de "doble lealtad", por lo que su principal obligación es para con el Estado y el aparato de seguridad israelí, en lugar de hacia el paciente. Los médicos que trabajan en los centros de detención e interrogatorios no suelen denunciar los casos de tortura y malos tratos a las autoridades judiciales pertinentes por temor a perder sus puestos de trabajo. Del mismo modo, los signos físicos de la tortura y los abusos rara vez son reportados en los expedientes médicos de los detenidos por lo que es casi imposible para las víctimas pedir justicia y compensación.

Además, los médicos frecuentemente informan a los oficiales de la Agencia de Seguridad de Israel de las condiciones de salud de aquéllos detenidos que van a ser interrogados, convirtiéndose así en cómplices de la práctica de tortura y el abuso físico y mental.

 

CHILD’S TESTIMONY ON MEDICAL NEGLECT

 

Muhammad, de 18 años, habla de su caso de apendicitis en la prisión de Ofer:

Fui detenido el 25 de febrero de 2009 en Katana después de que los enfrentamientos estallaran alrededor de la muralla defensiva en la aldea. Cuatro miembros de la unidad encubierta me detuvieron y comenzaron a golpearme. Entonces el ejército [israelí] vino; me llevaron y me trasladaron a la comisaría de policía de Atarot. También en este caso, dos policías fronterizos me golpearon en las piernas, la cabeza y el estómago usando sus fusiles. Me golpeaban en un cuarto llamado el "contenedor", después de lo cual me llevaron a Atarot. Fue por la noche, justo en el momento de la oración del Magreb. Me quedé allí hasta las 4 de la mañana, después de lo cual fue trasladado a la prisión de Ofer. Allí, me ubicaron inmediatamente en la sección 11, habitáculo número 4, usada especialmente para las detenciones juveniles. Me tuvieron allí durante dos meses; luego me trasladaron a las tiendas de campaña donde permanecí dos meses más. Me condenaron a cuatro meses y medio de prisión y una multa de 500 shekel. Aunque se suponía que debía ser puesto en libertad el 25 de junio de 2009, se produjo un retraso y no fui liberado hasta el 2 de julio de 2009. Una semana antes del 25 de junio empecé a sentir dolor en ambos lados de mi estómago. Comenzó a dolerme cada vez más así que el oficial de la sección llamó al enfermero que estaba de guardia ese día. Éste vino con un recipiente y tomó una muestra de orina. Entonces, él solicitó que yo fuese a la clínica y al día siguiente se me permitió ir. Una doctora estaba allí, y realizó un examen rutinario para comprobar la presión en ambos lados de mi cintura. Entonces me dijo: "bebe más agua" y me dio un sobre lleno de píldoras azules del tamaño de lentejas. Y volvieron a traerme de vuelta a la sección. Cada vez que sentía dolor, tomaba una píldora. En un primer momento, estas tenían efecto durante 10 horas. Después dejaron de actuar. Cuando volví a la clínica, me dijeron que estaba deshidratado. Y así hasta mi liberación el 2 de julio de 2009. Me tomé dos pastillas antes de ser liberado un jueves. Hicieron efecto hasta el sábado al mediodía. Entonces sentí un dolor agudo e inmediatamente fui al médico en el consultorio de la aldea. A partir de ahí fui trasladado de inmediato al hospital de Ramallah y luego a la sala de operaciones. Después de unos rayos X y varias pruebas, los médicos me realizaron una operación que duró una hora y media. Resultó  que mi apéndice había reventado y se había extendido una infección por todo mi abdomen. Tuve que permanecer en el hospital durante 16 días.